Rompiendo el techo de cristal: las mujeres serán el 30% del Congreso

Escrito por el 16 marzo, 2022

Para el período 2018-2022, las mujeres representaron apenas el 20 %, aunque fueron cerca del 34 % de las candidatas. Para estas elecciones, las candidaturas femeninas al Legislativo fueron el 40 %.

Las elecciones simbólicas: María Fernanda Cabal fue la segunda votación del Senado; Katherine Miranda la primera en Cámara. Aida Quilcue es la primera mujer en llegar a la curul indígena en Senado. Martha Peralta (izq. arriba) también es la primera wayúu en convertirse senadora. Dorina Hernández (der. arriba) es la primera palenquera en irrumpir en el Congreso. Y Carmen Felisa Ramírez es la primera mujer indígena en representar a los colombianos en el exterior.
Foto: Archivo Particular – Mauricio Alvarado – Gustavo Torrijos

Hace más de cuarenta años, en medio de un debate sobre la participación de las mujeres en cargos de poder, de medios mandos o hasta técnicos, nació un concepto, en voz de Marilyn Loden, consultora laboral estadounidense, que marcaría el cómo entendemos y analizamos el avance o la ocupación de las mujeres en esos espacios históricamente apropiados por los hombres. “Los techos de cristal”, según lo definió más adelante Loden, son las barreras invisibles que no permiten evolucionar en la escala de ascenso a las mujeres. Con el tiempo, además de reconocer esos obstáculos, se empezó a hablar de tomar acciones para acelerar la eliminación de estos con el fin de generar verdaderas condiciones de igualdad entre hombres y mujeres.

Antes de 2011, las listas al Congreso no tenían ningún condicionamiento de género y las mujeres, desde 1998, no superaban el umbral del 13 % de representación en el Legislativo. Habían llegado a un techo de cristal que les impedía seguir avanzando en participación. La Ley de Cuotas del 30 % de mujeres en listas (la 1475 de 2011), diseñada, entre otras cosas, para acelerar esa situación desequilibrada, significó en la siguiente elección (la de 2014) un impulso que no se proyectaba a través de la fuerza natural, debido a los imaginarios de que las mujeres no pertenecen al espacio público.

En 2014, las mujeres fueron el 20 % del Congreso, un crecimiento de siete puntos porcentuales y, para 2018, pareció que ahí, nuevamente, encontraron un techo de cristal. En las elecciones de hace cuatro años no hubo un avance en la llegada de más mujeres al parlamento, pese a que para esos comicios se crearon diez nuevas curules para el partido de la extinta guerrilla de las Farc.

Estrategias como la cuota, de la mano de acompañamiento en financiación y formación, entre otras, están encaminadas a que efectivamente las mujeres lleguen y no se queden en el mero rol de candidatas para cumplir un cupo de género. En este contexto, para 2022, cuando por primera vez participó un movimiento autorreconocido feminista como Estamos Listas, se dieron las bases para que, después de ocho años, las mujeres declararan que rompieron un nuevo techo de cristal.

Antes de dar cifras, hay que precisar que, una vez se cierren los escrutinios, podrán sumar o restarse mujeres que se declararon electas en el preconteo de votos. El análisis se hizo con base en el 99 % de las mesas informadas, a corte del 15 de marzo. Las cuentas de El Espectador dieron a 33 nuevas senadoras de 107 curules (sin contar la curul del Estatuto de la Oposición, más las cinco de Comunes), lo que significaría un 30,8 % en esa corporación.

Hace más de cuarenta años, en medio de un debate sobre la participación de las mujeres en cargos de poder, de medios mandos o hasta técnicos, nació un concepto, en voz de Marilyn Loden, consultora laboral estadounidense, que marcaría el cómo entendemos y analizamos el avance o la ocupación de las mujeres en esos espacios históricamente apropiados por los hombres. “Los techos de cristal”, según lo definió más adelante Loden, son las barreras invisibles que no permiten evolucionar en la escala de ascenso a las mujeres. Con el tiempo, además de reconocer esos obstáculos, se empezó a hablar de tomar acciones para acelerar la eliminación de estos con el fin de generar verdaderas condiciones de igualdad entre hombres y mujeres.

Antes de 2011, las listas al Congreso no tenían ningún condicionamiento de género y las mujeres, desde 1998, no superaban el umbral del 13 % de representación en el Legislativo. Habían llegado a un techo de cristal que les impedía seguir avanzando en participación. La Ley de Cuotas del 30 % de mujeres en listas (la 1475 de 2011), diseñada, entre otras cosas, para acelerar esa situación desequilibrada, significó en la siguiente elección (la de 2014) un impulso que no se proyectaba a través de la fuerza natural, debido a los imaginarios de que las mujeres no pertenecen al espacio público.

En 2014, las mujeres fueron el 20 % del Congreso, un crecimiento de siete puntos porcentuales y, para 2018, pareció que ahí, nuevamente, encontraron un techo de cristal. En las elecciones de hace cuatro años no hubo un avance en la llegada de más mujeres al parlamento, pese a que para esos comicios se crearon diez nuevas curules para el partido de la extinta guerrilla de las Farc.

Estrategias como la cuota, de la mano de acompañamiento en financiación y formación, entre otras, están encaminadas a que efectivamente las mujeres lleguen y no se queden en el mero rol de candidatas para cumplir un cupo de género. En este contexto, para 2022, cuando por primera vez participó un movimiento autorreconocido feminista como Estamos Listas, se dieron las bases para que, después de ocho años, las mujeres declararan que rompieron un nuevo techo de cristal.

Antes de dar cifras, hay que precisar que, una vez se cierren los escrutinios, podrán sumar o restarse mujeres que se declararon electas en el preconteo de votos. El análisis se hizo con base en el 99 % de las mesas informadas, a corte del 15 de marzo. Las cuentas de El Espectador dieron a 33 nuevas senadoras de 107 curules (sin contar la curul del Estatuto de la Oposición, más las cinco de Comunes), lo que significaría un 30,8 % en esa corporación.

Para Hernández, llegarán mujeres con perspectiva de mujeres, que no es lo mismo que con enfoque de género, a las que habrá que hacerles control político sobre debates que tengan que ver con derechos sexuales y reproductivos. Un nombre que menciona para tener en el radar es el de Sara Castellanos, del Partido Liberal, que está impulsado un referendo antiaborto.

Luisa Salazar, encargada de asuntos de género de la Misión de Observación Electoral (MOE), reconoce un aumento de casi del 10 %. “Esto sin tener una medida de paridad en vigencia”, dijo. Para ella, además de las cifras y el crecimiento, se debería de hablar de elecciones simbólicas, como la de Aída Quilcué, la primera mujer indígena que llegará al Senado por la circunscripción especial, o Dorina Hernández, la primera palenquera en irrumpir en el Congreso, o que Katherine Miranda fue la votación más alta de todos los candidatos de la Cámara de Representantes.

Los logros simbólicos podrían haber tenido otro rostro si Estamos Listas, movimiento político feminista, hubiese superado el umbral de más de 500.000 votos. Con una votación de 108.761 apoyos y casi más de un año de expansión y campaña nacional, el fenómeno de Estamos Listas reveló las desventajas para movimientos significativos de ciudadanos, especialmente con un proyecto feminista. “El resultado deja ver lo difícil que es romper el establecimiento, el pacto patriarcal, el pacto de clases y de clanes políticos”, apuntó Hernández, quien también espera hacer más aseveraciones de cómo fue el comportamiento de la votación entre hombres y mujeres. Según Luisa Salazar, lo que ocurrió con la organización que surgió en Medellín plantea unos retos: “Creemos que el sistema político electoral podría evaluar en qué condiciones de igualdad están participando y disputándose el poder movimientos como Estamos Listas. Y eso no significa reducir el umbral, pero sí priorizar acompañamiento o accesos a los medios de comunicación”.

Para creernos que de verdad lo que ocurrió el pasado domingo es un buen augurio, que es necesario que lleguen mujeres de derecha como de izquierda y feministas (porque las habrá para 2022-2026), hay que apelar a voces como las de Michelle Bachelet, en un discurso que dio en 2011 en ONU Mujeres: “Si una mujer entra a la política, cambia la mujer; si muchas mujeres entran a la política, cambia la política”. ¿Qué sería de los derechos de las colombianas sin la bancada de mujeres del Congreso o la Comisión para la Equidad de Género, que han impulsado leyes como la de cuotas, tipificación de feminicidio, paridad, la de igual retribución salarial y la ampliación de la licencia de maternidad, entre otras?

Claro, para el contexto reciente del fallo histórico de la despenalización del aborto hasta la semana 24 por parte de la Corte Constitucional y la tarea que le puso al Congreso de regularlo, la presencia de Estamos Listas o de mujeres como Mábel Lara y Sandra Borda, del Nuevo Liberalismo, quienes tampoco lograron una curul, hubiera sumado voces defensoras de la sentencia. El desafío es dar el debate y entender que las mujeres electas en contra de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) también representan a otras colombianas y que si insiste en una discusión desde la perspectiva de salud pública y derechos humanos, quizás, habrá puntos de encuentro en los que se pueda construir para seguir favoreciendo la agenda de las mujeres.

Datos a tener en cuenta de mujeres por circunscripciones territoriales

– Dos de dos curules para el Amazonas estarán ocupados por mujeres (Yénica Acosta y Mónica Bocanegra)-

– Una de dos curules para Arauca será ocupada por una mujer con Lina Garrido.

– Diez de 18 curules para Bogotá serán ocupadas por mujeres. Representan el 56% de los representantes por dicha circunscripción.

– Una de dos curules para Caquetá será ocupada por una mujer. Se trata de Gilma Díaz, del Partido Liberal.

– Una de dos curules para Chocó será ocupada por una mujer. Se trata de Astrid Sánchez de Oca.

– Dos de cuatro curules para Huila serán ocupadas por mujeres. Ellas son Leyla Rincón y Flora Perdomo.

– Tres de cinco curules para el Magdalena serán ocupadas por mujeres. Ellas son Sandra Ramírez, Kelyn González e Ingrid Aguirre.

– Dos de tres curules para Quindío serán ocupadas por mujeres. Ellas son Piedad Correal y Sandra Aristizábal.

– Dos de tres curules para Sincelejo serán ocupadas por mujeres. Ellas son Milene Jarava y Karyme Cotes.

– Tres de seis curules para el Tolima serán ocupadas por mujeres. Ellas son Delcy Isaza, Martha Alfonso y Olga González.

Tomado de: El Espectador.

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